Entradas

Ayer

Llega un momento inesperado, simplemente abriste los ojos. ¿Recuerdas ese momento? Aún eras tan joven, y siendo de esa manera cometías muchos errores. Fácil se hizo juzgar a los demás y, a pesar de los constantes consejos, no podías escuchar. El corazón se ciega de muchas maneras, cierra los ojos, los oídos, la razón. Crees poder resolverlo todo, que podrías cambiar la situación; más olvidaste algo muy importante: las personas no pueden ser cambiadas y los errores cometidos pesarán toda la vida. Aquellos que dicen que los errores son cosa del pasado tienen razón hasta cierto punto: desde el tiempo del error cometido a tu actualidad pueden pasar un millón de años, aunque solo sean dos; sin embargo aquello termina siendo un pesar más en tu corazón, te suelen marcar los errores más grandes, y las personas que hemos conocido suelen pesar incluso más. Decir que el haber conocido a alguien es un error solo le otorga la importancia equivocada, nos hace más consciente de su paso en nuestra vid...

Un apartado -No forma parte de los disparadores

Hay  sentimientos más profundos  que el amor. La desesperación, la culpa y la tristeza no nos dejan respirar, vivir libremente de ataduras, de sacrificios, de decir no. Cuantas veces quise decir no y terminé asintiendo aun cuando hallaba pesar en mi corazón. Y después llega la culpa, por no ser fuerte, no ser capaz de mantener mi palabra, no hacia otras personas, sino hacia  mí  misma. Entonces descubro que me he convertido en un ser despreciable que no merece ni una sola lágrima de nadie, que debería dejar de existir en este mundo tan mundano e inservible. No es sencillo, es horrible. Y cada día ese pesar se asienta en mi pecho y me asfixia. Y cada día siento que me hundo en un fango del cual ya estoy embarrada hasta la coronilla. Y cada día entiendo que las decisiones son para personas fuertes, no para seres débiles como yo.   Es entonces cuando reflexiono y pienso, que tal vez mi vida sea un tropiezo, que no alcanza más mi intelecto y que cada día pierdo...

LA PRIMERA VEZ QUE ME ENAMORÉ

Apenas era una niña cuando nos conocimos, teníamos solo seis años y en ese entonces no sabia lo que era estar enamorada, pero si sabia que me encantaba estar con él. Jugábamos todos los días junto con otro amigo más. Fue mucho después cuando nos volvimos a ver que supe que era lo que sentía. Estaba sentada fuera de la tienda de mis abuelos, era la hora después del almuerzo y correteaban los niños en la calle. Yo me sentía muy aburrida, había regresado de la casa de mi papá y muchas cosas habían cambiado en esos años, fue entonces cuando lo encontré de nuevo.  Estaba muchísimo mas alto que yo, también un poco mas gordito, pero lo que me llamo la atención fue que al escuchar su voz ya no parecía la de un niño o un adolescente, sino de un adulto. Teníamos catorce años, pero sentí como si la distancia entre los dos se había vuelto mucho mas grande. Ahora andaba con otros chicos que no conocía y cuando me vio desvió la mirada y no me saludo.  Estaba vestido con un polo manga corta ...

FUERA DE CUADRO

Estaban en plena reunión para festejar la llegada de una de los integrantes de la familia. Por fin después de cuatro años Clara había regresado de España y, como siempre en la familia, habían decidido festejarlo en grande con todos. Todos bailaban, reían y tomaban. A pesar de no estar todos igual festejaban con alegría que una de las nietas mayores estaba de nuevo en casa. Ya llevaban unas dos horas cuando uno de los más pequeños se había quedado dormido en las faldas de su abuela. Los nietos mayores bailaban y conversaban sobre cualquier tema, después de todo no siempre tenían la oportunidad de reunirse todos debido a sus trabajos y en algunos casos, su propia familia, La tía Maribel pasaba por toda la casa, fotografiando a los niños que jugaban fuera, a quienes estaban todavía en la cocina, a su madre consintiendo a los mas pequeños que estaban a su lado, a sus hermanos y sobrinos que bailaban en la sala. En cierto momento de la noche cuando todos ya estaban bastante alegres y chispe...

En 6 palabras

Imagen
Aprendí que es ser una mamá. Un momento inesperado... Abriste los ojos.

PESADILLA

Desperté, al instante supe que me estaba vigilando otra vez. Traté de mover mi mano, él sabía que lo intentaría y se acerco un poco más, intente mover mi torso pero sabía que era en vano, él se acerco tres pasos más. Mis ojos no se cierran, ¡basta ya! ¡deja de atormentarme! Empezó a sonreír, me mostró sus manos vacías en una amenaza implícita; por favor cuerpo, muévete, muévete, ¡muévete! El frío empezó a invadir mi cuerpo, sabía que pronto lo tendría encima mío. Quería gritar su sola presencia me arrancaba la voz, jamás dejaría que alguien viniera a ayudarme. Se sentó a mi costado, las partes que mi cuerpo tocaban su ser se congelaron. Otra vez, ¡muévete por favor! Estaba a punto de llorar. Acerco sus manos a mi rostro, ya sabía que intentaba salir y se burlaba de mis intentos. Sus ojos me mostraron que no saldría libre, tendría éxito esta vez. Por fin pude moverme, desapareció. El calor regreso a mi. Solo esperaba que la próxima vez no pudiera arrancarme los ojos.

SUEÑO

Estaba sentada en mi cama, veía el cuarto desordenado y trate de limpiar. Me senté a comer con mi mamá, conversamos mucho sobre como de pronto mi hermano se había casado sin avisarnos y se había mudado de la casa. Nos pareció muy certero de su parte escoger a mi mejor amiga, era una buena chica aunque a veces su perro fuese violento. Empecé a recoger la ropa, no sabia como no me di cuenta que estaba lloviendo con tantos truenos y rayos, mi abuela y mi hermano menor estaban recogiendo conmigo, las plantas al menos estarían regadas. Mi sobrina nos acerco una toalla y ella conversaba con mi hermanito de las tortugas que habían nacido. Tenía que recoger este desastre, los zapatos estaban tirados por todo mi cuarto, y ¿por qué mi prima no llegaba con la bebé? Ya era hora de que me quedara con ella. Desperté. Creí por un momento que todo estaba bien pero me percate que mi abuelo me veía con tristeza comunicándome con la mirada de que todavía no había terminado. Sentí el tirón de la caída y e...